Florinda Sorian »Mamá Tingó

En el panorama mundial del siglo XX, las luchas por los derechos humanos y sociales marcaron una época de transformación profunda. Movimientos campesinos, obreros y feministas surgieron en distintas regiones reclamando justicia, igualdad y acceso a la tierra. En América Latina, estas reivindicaciones cobraron especial fuerza en los sectores rurales, donde miles de campesinos y campesinas exigían una vida digna frente a las estructuras de poder agrario. Dentro de ese contexto, surgieron líderes comprometidos que dejaron una huella imborrable en la historia, y entre ellos se encuentra Florinda Soriano Muñoz, conocida cariñosamente como “Mamá Tingó”, símbolo de resistencia y dignidad campesina en la República Dominicana.

Mamá Tingó nació el 8 de noviembre de 1921, en el paraje de Villa Mella, municipio de Santo Domingo Norte. Desde temprana edad conoció las dificultades de la vida rural y la desigualdad en el acceso a la tierra. Su liderazgo emergió en un período de grandes tensiones sociales y económicas, cuando el campesinado dominicano enfrentaba conflictos por la tenencia de terrenos frente a terratenientes que concentraban el poder. En la década de 1970, Florinda Soriano se convirtió en una de las principales voces del Movimiento Campesino de Hato Viejo, una organización que defendía los derechos de los agricultores ante los abusos y desalojos forzosos. Su lucha se centró en garantizar el derecho a la tierra, la producción alimentaria y la justicia social.

El 1 de noviembre de 1974, mientras intentaba proteger las tierras trabajadas por su comunidad, Mamá Tingó fue asesinada, convirtiéndose en mártir de la causa campesina. Su muerte conmocionó al país y reveló las profundas desigualdades del campo dominicano. Sin embargo, su legado trascendió la tragedia: su nombre se convirtió en sinónimo de valentía, dignidad y compromiso con los más pobres. Hoy, su figura es reconocida no solo por su liderazgo femenino en una época marcada por la desigualdad de género, sino también como un ejemplo de resistencia pacífica frente a la injusticia.

Recordar el natalicio de Mamá Tingó invita a reflexionar sobre la importancia de la equidad social, la defensa de los derechos humanos y el reconocimiento del trabajo campesino como pilar del desarrollo nacional. En las escuelas y comunidades, su historia enseña que la educación cívica no solo se construye desde los libros, sino también desde las vidas de quienes, con coraje y sacrificio, lucharon por un país más justo. Honrar su memoria es fortalecer el compromiso con una sociedad donde la tierra, el trabajo y la dignidad sean derechos para todos y todas.

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