Cada 21 de octubre, la República Dominicana honra con orgullo el Día Nacional del Poeta, una fecha instituida para conmemorar el natalicio de Salomé Ureña de Henríquez, emblema de nuestra literatura y pionera del pensamiento educativo en el país. Su obra lírica, comprometida con el ideal de una nación libre, culta y justa, continúa inspirando a generaciones enteras de dominicanos y dominicanas que encuentran en la poesía un refugio, un arma, y una esperanza.
Salomé Ureña no solo simboliza la fuerza transformadora de la palabra, sino también el poder de la mujer dominicana en la construcción del pensamiento crítico y estético nacional. Desde su cátedra en el Instituto de Señoritas, sembró las bases para una educación liberadora, guiada por el arte y la reflexión.
Poesía joven: semilla que florece en tierra fértil.
Celebrar el Día Nacional del Poeta es más que un acto conmemorativo. Es una invitación urgente a fomentar en nuestras juventudes el amor por la lectura, la producción literaria y la investigación cultural como vehículos de identidad, conciencia y expresión libre.
En un contexto donde las tecnologías desplazan la palabra escrita y la inmediatez amenaza con erosionar la profundidad del pensamiento, es fundamental revalorizar la poesía como espacio de resistencia y creatividad. Las aulas, los centros culturales, las bibliotecas (municipales, escolares y de aula), los festivales literarios y las redes sociales deben ser escenarios activos donde niños, niñas y jóvenes descubran el poder de la poesía como medio para conocerse, narrarse y transformar su entorno.
Si bien es cierto que, como país, hemos avanzado en la búsqueda de inspirar y motivar la lectura mediante actividades que inician desde las aulas preuniversitarias hasta grandes escenarios de debate literario; no menos cierto es que el Estado, junto a las instituciones educativas públicas y privadas y de todos los niveles, culturales y comunitarias, tiene el deber de crear políticas y espacios que permitan a los jóvenes no solo leer poesía, sino también escribirla, difundirla y estudiarla. Incentivar concursos, talleres, ferias, publicaciones y becas dedicadas a la creación y crítica poética es apostar por una nación que se piensa a través de su palabra.
Un país de poetas y poetisas
La historia literaria dominicana está sembrada de voces poderosas que han enriquecido el imaginario poético nacional y universal. A Salomé Ureña se suman nombres ilustres como:
Pedro Mir, Poeta Nacional, cuya obra “Hay un país en el mundo” es un canto universal a la dominicanidad. | Franklin Mieses Burgos, impulsor de una poesía existencial y filosófica. | Mariano Lebrón Saviñón, con una lírica humanista y de compromiso cultural. | Aída Cartagena Portalatín, cuya palabra se convirtió en una herramienta de lucha y belleza. | Héctor Incháustegui Cabral, voz reflexiva y profunda de la poesía social. | Carmen Natalia Martínez Bonilla, símbolo de la poesía y la resistencia frente a la dictadura. | Tomás Hernández Franco, con una poética que exploró nuestras raíces afroantillanas. | Manuel del Cabral, cronista lírico del drama humano y la historia caribeña. | Jeannette Miller, escritora, crítica y poeta comprometida con la memoria histórica. | José Mármol, con una obra que conjuga lo íntimo, lo filosófico y lo cívico.
Hoy, decenas de jóvenes poetas —en barrios, provincias, universidades y plataformas digitales— siguen renovando el lenguaje y llevando la poesía dominicana hacia nuevas estéticas, preocupaciones y formas de difusión. Sus voces merecen apoyo, escucha y reconocimiento.
Legado y futuro
La poesía dominicana no es un arte decorativo, sino una fuerza viva que ha acompañado nuestras luchas sociales, nuestros procesos democráticos y nuestra búsqueda constante de justicia, belleza y verdad. Honrar a Salomé Ureña es asumir el compromiso de mantener viva esa llama y transmitirla a las nuevas generaciones como herencia y desafío.
Que este Día Nacional del Poeta nos convoque a todos y todas —desde el aula hasta el parque, desde el hogar hasta la tribuna— a defender la palabra como derecho cultural y como vehículo de transformación personal y colectiva.
La poesía dominicana tiene futuro. Está en los ojos curiosos de un niño que escucha una décima, en la voz temblorosa de una adolescente que declama sus versos en un micrófono abierto, en la mirada de quien abre un libro y encuentra en él el reflejo de su propia historia. Fomentar la poesía es sembrar nación. Leerla, escribirla y vivirla es el mejor homenaje que podemos rendirle a Salomé Ureña y a todos nuestros poetas.
Congratulaciones a todos aquellos que, de alguna manera encuentran la musa para dejar sus ideas plasmadas en algún medio, impreso o digital, para que generaciones actuales y futuras cuenten con una fuente de consulta para conocer la idiosincrasia de sus respectivos contextos..
Dr. Freddy J. Guzmán
El autor es doctor en Ciencias de la Educación, Ingeniero en Sistemas y Computación, Periodista y Catedrático Universitario. Colabora como Coordinador Pedagógico de la Regional 08.
@freddyautor | www.freddyguzman.com