El reconocimiento institucional llegó en 2018, cuando mediante la Ley No. 17-18, el Congreso dominicano estableció oficialmente el 22 de noviembre como Día Nacional del Larimar. Esa fecha no fue elegida al azar: recuerda la petición que hizo el sacerdote Fuertes en 1916 para explorar ese depósito mineral.
El 22 de noviembre la República Dominicana celebra el Día Nacional del Larimar, una efeméride que honra una de las gemas más singulares del mundo. Aunque su conmemoración es local, el significado de este día trasciende lo turístico: se trata de un gesto de reconocimiento a un patrimonio natural y cultural que define parte de la identidad dominicana.
Desde un punto de vista global, la historia del Larimar es fascinante: esta piedra azul-blanca, una variedad de pectolita, solo se encuentra en un lugar del mundo la Sierra de Bahoruco, en Barahona, al suroeste de la República Dominicana. En un contexto donde muchas gemas se explotan en múltiples regiones, el Larimar destaca por su exclusividad geográfica y su procedencia volcánica, lo cual lo convierte en un símbolo natural verdaderamente único.
El vínculo con la República Dominicana es profundo. En 1916, el sacerdote Miguel Domingo Fuertes informó por primera vez sobre la existencia de una piedra de tono verde azulado cerca del río Bahoruco. Décadas más tarde, en 1974, el artesano Miguel Méndez, junto a un voluntario del Cuerpo de Paz, redescubrió la pectolita. Méndez le dio el nombre de “Larimar” fusionando el apodo de su hija Larissa, “Lari”, con la palabra “mar”, evocando el Caribe.
El Larimar fue declarado piedra nacional por la Ley No. 296-11 en 2011, reconociendo su valor simbólico para la nación. Más tarde, el Congreso dominicano promulgó la Ley 17-18, que estableció el 22 de noviembre como el “Día Nacional del Larimar” a celebrarse cada año. Según esta ley, los ministerios de Energía y Minas, Medio Ambiente, Cultura y Turismo deben asignar recursos para promover la gema tanto en el país como internacionalmente, y organizar actos conmemorativos especialmente en la provincia de Barahona, donde existe una escuela-taller y un museo dedicados al Larimar.
En la práctica, este día ha servido no solo para celebrar la belleza de la piedra, sino también para impulsar la protección de sus fuentes, fomentar el turismo artesanal y reforzar políticas públicas para preservar ese tesoro nacional. Cada 22 de noviembre se realizan actos culturales en Barahona: bazares, charlas, reconocimientos y paneles sobre minería responsable, organizados por el Ministerio de Energía y Minas. Además, en años recientes, las exportaciones de Larimar han alcanzado cifras récord, lo que demuestra la creciente demanda internacional y la importancia económica para la comunidad dominicana.
Recordar y celebrar el Día Nacional del Larimar tiene un valor educativo y cívico profundo. Nos invita a reconocer que la riqueza de un país no solo está en sus instituciones, sino también en su patrimonio natural; en cómo una gema puede convertirse en símbolo de identidad, en fuente de desarrollo local y motivo de orgullo nacional. Al conmemorar este día, se promueve un mensaje de sostenibilidad: proteger lo que hace único al país, respetar su origen natural, y transmitir a las nuevas generaciones la importancia de valorar y cuidar ese legado que es, literalmente, una joya dominicana.